domingo 15 de enero de 2012

Soy fan

Comer, me gusta. Disfrutar de la comida, me gusta. Que la comida no venga del trastero del mundo envuelta en basura química para resistir las 20.000 leguas submarinas, me gusta. Y que además, los agricultores y ganaderos, que me alimentan, trabajen en condiciones justas, me sigue gustando.

Eso es Agricultura Ecológica. No es un cuento, no es una historia de verdes locos o hippies vegetarianos. Agricultura ecológica es comer bien, es consumir productos locales, que llegan en unas condiciones de calidad infinitamente mejores que aquellos que proceden de vetetúasaberdónde.

Agricultura Ecológica es comer sólo comida. Sin pesticidas, sin conservantes. Agricultura Ecológica es comprar una manzana en las mismas condiciones que si la hubiésemos arrancado del árbol. Es comer carne que no ha sido intervenida. Comer leche que no ha sido extraída contra-natura. Es decir, al ganado no se le ceba con productos que les dupliquen, por ejemplo, la cantidad de leche (no doping).

Agricultura Ecológica es evolución, coherencia, y cambio. Mi padre y Días de Sur me han enseñado la teoría y la práctica de un tema lleno de buenas historias y de buenas ideas.

Confieso que no puedo dejar de comer hamburguesas del Mc Donals, y beber vino malo. Pero cada día disfruto más con la buena comida, con la buena bebida y con la buena gente. Será que me he hecho mayor y elijo lo bueno. Lo que me hace vivir mejor, y más (por ese orden).




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